Ha sido un sueño…

…aunque estaba dividido en tres partes. Todas se desarrollaban en Granada. No sé bien el porqué, y tampoco puedo decir que en algún momento alguien confirmase que estábamos en Granada. Pero estábamos allí.

En la primera parte, estaba con unos cuantos amigos viendo una especie de espectáculo. Era en la calle, habían montado un gran escenario y había muchísima gente. Una amiga y yo encontrábamos un sitio justo enfrente de éste, sentadas en el suelo, y teníamos hueco de sobra. Entonces yo iba a buscar al resto del grupo, que estaban sentados aparte en unos cómodos asientos parecidos a los de cualquier sala de cine. Para llegar hasta ellos tenía que saltar por encima de todo el mundo y casi tirarme de cabeza pero, cuando conseguía hablar con ellos, me ignoraban completamente y con gestos de desprecio me decían que se quedaban allí, aunque a la vez se quejaban de que no veían nada del espectáculo… Yo, cabreada, decepcionada, pero sobre todo jodida por su reacción (o no reacción) y por su forma de despreciarme, me iba como podía y cagándome en todo.

escher    En la segunda parte, intentando volver con la amiga junto a la que estaba sentada al principio del sueño, yo tenía que buscar otro camino. Por supuesto no tengo ni idea de porqué no podía volver por el mismo sitio… ni idea. El caso es que empezaba a callejar entre las calles de Granada. Las pequeñas y estrechas, las que tienen escaleras, las del barrio de El Albaicín. En un momento dado veía que tenía dos opciones: o dar un gran rodeo para bajar por una calle que estaba en cuesta, o atajar por otra calle que bajaba directamente, y que era toda de escaleras. Por supuesto decidía bajar por ahí, como no, esto ya era una pesadilla. La escalera era empinadísima, con muchos ángulos, de piedra blanca pero recubierta de moho verde. Yo empezaba a bajar por ella, con mucho cuidado, porque el ancho de los escalones daba para una sola persona, y no había barandilla. Bajaba como podía, de lado, agarrándome con las manos a los escalones, asustadísima ya porque mi vértigo salía a flote. Llegaba un momento en que no podía ni bajar, porque los escalones eran cada vez más estrechos y altos y no sabía cómo poner el pie en el siguiente… Y me quedaba ahí, agarrada con todas mis fuerzas a la piedra, desesperada y sin saber qué hacer, un buen rato. Finalmente, escalando por la escalera, casi reptando más bien, conseguía subir y salir de allí.

En la tercera y última parte ya había localizado a todos mis amigos, que por lo visto ya me hablaban. Andábamos por las calles de Granada y decidían que entrásemos a algún sitio a comer. Encontrábamos un bareto normal, más bien cutre, de los de barrio, con suelo de terrazo, taburetes metálicos y mesas altas. Entrábamos y estábamos mirando qué se podía pedir y tal, cuando yo veía una cucaracha en el suelo. Inmediatamente el pulso se me aceleraba. Tengo fobia a las cucarachas. No asco, ni miedo, ni reparo ni nada así. Les tengo fobia, fobia auténtica. Es ver una cucaracha y mi corazón se dispara, se me ponen los pelos de punta, no puedo pensar en otra cosa que no sea la cucaracha… Les decía a todos que tuviesen cuidado, pero una vez más, pasaban de mí. La cucaracha venía hacía mí, como solo ellas saben hacer, rápido y dando como botes, y yo saltaba a los brazos de mi novio, como si fuese una cría pequeña, porque no quería que subiese por mis pies. Él me agarraba pero no hacía ningún comentario, ni sugería irnos de allí. Todos seguían pidiendo su comida. Viendo que así no podía estar, yo bajaba de nuevo al suelo (la cucaracha se había apartado un poco), y me sentaba en uno de los taburetes altos, en medio de la sala. Desde allí veía en el suelo muchos bichitos pequeños que, cuando observabas atentamente, abrían sus patas y se convertían en grandes cucharachas que recorrían el bar de un lado para otro, entre los pies de la gente y las patas de mi taburete. Eran de esas planas y rojas, grandísimas, que dan tanta grima… Había más y más, y yo ya definitivamente empezaba a pedir a mis amigos que nos fuésemos de allí, por favor, que me ayudasen a salir, que no aguantaba más. Pero ellos estaban ya recogiendo sus platos en la barra y colocandolos en una mesa. Una había pedido boquerones fritos, el otro venía con una ensalada… y ninguno me escuchaba ni parecía ver las decenas de cucarachas que corrían por todas partes. Yo ya estaba llorando, desesperada, histérica, pidiéndole a mi novio, que solo me miraba con indiferencia, que me sacase de allí, que no podía más…

…y así me he despertado, llorando como una gilipollas, histérica.

Por suerte mi novio en la realidad es más amable que el novio de mi sueño, y sí que estaba ahí para abrazarme. Pero vaya forma de empezar el día, con esa sensación de desesperación, de desamparo…

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s